La conciencia

¿Tengo la conciencia tranquila, cuántas veces hemos dicho esta frase ante algún acontecimiento que hemos hecho, nos damos la vuelta y seguimos nuestro camino como si no hubiera pasado nada, nos quedamos tranquilos, ya no volvemos nunca más sobre este tema, tenemos la conciencia tranquila? 

Es la conciencia nuestro pequeño Pepito Grillo, es algo que podemos controlar, o no, o es ella la que nos controla a nosotros. 

En realidad, la idea de que todos tenemos un Pepito Grillo es mucho más antigua. En la cultura popular, tan rica en metáforas y alegorías, siempre se ha representado la conciencia como un pequeño ángel que nos susurra al oído para ayudarnos a emprender el buen camino y, como contraparte, también hayamos a un diablillo que nos tienta. ¿Se trata de una elaborada fantasía o esta idea tiene una base real en nuestro cerebro?

¡Qué fácil sería todo si viniésemos de serie con Pepito en el hombro! ¿Verdad?… ¿seguro? Me parece que no has buscado bien, pues todos tenemos escondido en algún rinconcito de nuestro ser, a nuestra propia conciencia, nuestro propio grillo.

No suele estar sentado en el escaparate, sino que su hábitat suele ser la trastienda de tu ser ¡búscalo!

Estoy convencido que si queremos resolver cualquier problema que tengamos, en un altísimo porcentaje, la respuesta está en nuestro interior.

La conciencia es un inmenso regalo que constituye los sonidos, los sentimientos, las emociones, los deseos. Da significado a lo que somos, lo que queremos, nuestro lugar en el mundo, toda nuestra experiencia. El sentido fundamental de nuestra existencia misma. Se ha llegado a decir que deberíamos cambiar el cartesiano “pienso luego existo” por “tengo conciencia luego existo”. 

La conciencia es el acto psíquico mediante el cual una persona se percibe a sí misma en el mundo. Por otra parte, la conciencia es una propiedad del espíritu humano que permite reconocerse en los atributos esenciales. La palabra conciencia incluye aquello que el sujeto conoce o asume que sabe. En cambio, las cosas inconscientes son las que aparecen en otro nivel psíquico y que son involuntarias o incontrolables para el individuo. 

La conciencia es un estado no-abstracto que permite que una persona interactúe e intérprete con los estímulos externos que forman lo que conocemos como la realidad. Si una persona no tiene conciencia, se encuentra desconectada de la realidad y no percibe lo actuado. 

A través de la conciencia un individuo consigue tener una noción de sí mismo y de su entorno; es uno de los elementos que asegura la supervivencia de un ser vivo, pues le permite estar alerta a los peligros y actuar en consecuencia.

Si la conciencia de un individuo funciona del modo «adecuado», las valoraciones que éste hará sobre su realidad serán claras y le permitirán llevar una vida estable; si por el contrario, dado que ha padecido determinadas situaciones traumáticas, puede que su manera de entender en entorno no sea lúcida, distorsionndo su propia realidad y tomando decisiones que causarán desajustes en su entorno. 

Cuando eres consciente de las emociones y estados de ánimo sin juzgarlos, solo observándolos, sin identificarte de ellos, veras que a partir de ahora nada te posee, nada te molesta, ya no eres un esclavo de tus emociones y pensamientos.

Cuando te has convertido en un observador en un perfecto observador de tu cuerpo, mente y corazón, ya no puedes hacer nada más, entonces debes esperar.

Nuestra Conciencia se halla adormecida dentro de nosotros.  Esto quiere decir que todos la tenemos y si uno está a dispuesto y quiere realmente desarrollarla deberemos despertarla.

En primer lugar, deberemos reconocer que está dormida, deberemos auto observarnos, vernos a nosotros desde el punto de vista psicológico.  Si podemos reconocer que nuestra Conciencia está dormida, podremos despertarla.

También deberemos dividir la atención en tres aspectos.  El primer aspecto es el Sujeto, esto involucra a ¿quién soy?, ¿cómo soy?, esto significa que nos deberemos observar en forma objetiva.  El segundo aspecto es el Objeto, quiere decir ¿qué estoy haciendo?, y el tercer aspecto es el Lugar, ósea ¿dónde estamos? ser consciente del ambiente en el que nos encontramos.

Deberemos también, observar a nuestro Propio Yo, recordar quiénes somos nosotros íntimamente.  Es distinto observar nuestro propio comportamiento en cualquier lugar en donde nos encontremos como el hablar, reír, comer, caminar, que estamos haciendo y otra cosa es observar nuestro propio yo, es decir, ser capaces de observar los íntimos procesos psicológicos de nuestro cerebro.

La meditación Zen, se basa en acompañar a la respiración en su ascenso y descenso, sintiendo y percibiendo, tanto las sensaciones corporales como los pensamientos que circulan mientras se observa durante el ejercicio. Hablan que hay que realizar 40 respiraciones, inhalando y exhalando por la nariz.

Quizás cuando comiencen a trabajar para desarrollar su conciencia espiritual, puedan aparecer muchos pensamientos de temas pendientes que estaban dormidos en sus conciencias, que pensaron que no volverían a pensar en ellos, esto no debe importarles, dejen que todos estos pensamientos salgan y traten de poder manejar la ansiedad que ello les genere.  Traten de volverse a concentrar en la respiración, vuelvan al punto previo a ese pensamiento.

La conciencia espiritual es una cosa bastante difícil de definir, ya que puede significar diferentes cosas para diferentes personas. Tal vez una forma útil de pensar de ella es como una mayor comprensión de la propia espiritualidad y cómo una persona utiliza ese conocimiento para relacionarse mejor con el mundo a su alrededor.

La sensación puede ser descrita como un sentido de pertenencia, la aceptación de que es una persona, y llegar a entenderse a sí mismo.

Donde se ubica la conciencia.

Se ha tratado de decir que la conciencia involucra a todo el sistema nervioso, pero no es exacto. Es evidente que la médula espinal no está involucrada, porque si se corta, la persona parapléjica continúa teniendo emociones y sensaciones. Tampoco está en el cerebelo, que contiene algunos de los circuitos neuronales más antiguos en términos evolutivos y que tiene mucho que ver con el control motor, la postura y los movimientos.

El cerebelo contiene casi un 70% del total de las neuronas del encéfalo. Sin embargo, si alguna parte del cerebelo se pierde, o es afectada por un infarto cerebral, apenas ocurre nada con la conciencia. Un paciente en estas circunstancias puede experimentar dificultades de movimiento, de coordinación… pero no pierde ningún aspecto de su conciencia.

El aparato cerebral funciona como una especie de colección de baterías en paralelo. Es decir, son una serie de unidades relativamente independientes que se ocupan de distintas tareas y van pasándose de una a otra el resultado de su trabajo sin estar integradas. No hay circuitos de retorno y, por tanto, la actividad eléctrica va fundamentalmente en un único sentido. Sin embargo, la conciencia se caracteriza por una integración (palabra clave en la conciencia) muy íntima, de ida y vuelta y en todas direcciones. 

Esta capacidad de integración se encuentra en la materia gris que constituye la corteza cerebral. La conciencia tiene que ver con las láminas superpuestas de la zona del neo córtex. Las sensaciones se generan allí. Se puede acotar un poco más porque, cuando se muestran a los sujetos imágenes que les producen sensaciones, el estudio por resonancia magnética funcional revela que se activa una zona cortical concreta denominada zona caliente, situada en la zona parietal occipital y temporal.

¿Le hago caso al corazón o a la conciencia?

¿Qué hacer cuando la conciencia nos dice una cosa y el corazó

n nos dice otra? Primero que todo hay que auscultar el corazón, examinarlo.

 ¿Cuántas veces has dudado entre lo que quieres hacer y lo que sabes que

debes hacer? Moverse entre

lo que te dicta tu corazón y lo que te repite tu conciencia, los dos forman parte de la vida. El corazón orienta y la conciencia decide. Tomar decisiones conlleva un riesgo y, como todo ser humano, asume que muchas veces te vas a equivocar. Pero, ¿podemos aprender a minimizar ese campo de error? O al menos, ¿saber sortear los dilemas lo mejor posible?

Si una persona quiere evitarse fracasos debe aprender a vigilar su corazón y a contradecirlo, puede ser no   confiable. ¿Debemos seguir lo que dice la conciencia? Sí, pero no siempre. Cuando la conciencia está sana y alumbrada por la intuición y a la sabiduría, no hay problema, ella nos guiará como lo hace el semáforo al automovilista: “la luz roja nos dirá si hay peligro y debemos parar. La luz amarilla nos dará una advertencia. Y la luz verde nos dirá que podemos seguir”.

Pero a veces la conciencia no está sana, está influida por la tradición, la cultura, la religiosidad y hasta se ha podido cauterizar. En tales casos no es una buena guía. Por ejemplo, si una persona piensa que se va a condenar si no camina de rodillas ante una estatua a la que venera, la conciencia le podrá traer un gran malestar por no hacerlo.

Pon la mano en el corazón y usa la intención, el corazón y la intuición te harán desarrollar una conciencia más rica sana y sobre todo sabia, hay un camino hacia la iluminación, ese camino es solo tuyo, persíguelo búscalo, pero sobre todo usa la herramienta de la conciencia, ella te ayudara en el camino. 

 

 

 Accesos  Directos a Paginas relacionadas con estos Temas:

 

https://definicion.de/conciencia/

https://hermandadblanca.org/desarrollamos-la-conciencia-espiritual/

https://www.gabinetetrisquel.com/wiki-pedia-video/ll-ll-que-es-la-conciencia-espiritual.html

https://eldebatedehoy.es/noticia/donde-esta-la-conciencia/

https://vivelastereo.com/le-hago-caso-al-corazon-o-a-la-conciencia-2

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