Campanilla y yo

Revolotea por encima de mi cabeza, dibuja líneas rectas y curvas difícil de seguir, su vuelo es seguro y confiado, como si quisiera llamar la atencion, en un abrir y cerrar de ojos,  se posa encima de una mesita cerca, alzo mi mano reclamando su atencion, levanta el vuelo y de una forma serena y confiada  se posa tímidamente en mi mano, sus alas baten al aire y de su pico sale un leve sonido como si quisiera decirme hola, ella es Campanilla, un gorrión hembra que se ha adaptado a vivir con los humanos y ésta es su historia. 

A cien leguas de Pinto y cerca de Colmenarejo, paseaban madre e hija por un camino viejo. La tarde caía y los rayos de sol pintaban siluetas de colores entre rojos y naranjas.  Se vislumbra en el cielo un leve tono amarillo pajizo, divisando entre las nubes un paisaje de atardecer clásico de verano, donde las luces del sol trataban de esconderse tímidamente entre un horizonte lejano, típico del mes de julio. 

Entre charla y charla, entre paso y paso, nuestra mirada se fijó en un pequeño movimiento surgido de entre unas hojas caídas en el camino, nos miramos sorprendidas entre asombro, curiosidad y también algo de miedo y nervios,  pues cualquier precaución es digna de tener en cuenta, nos agachamos con cierto nerviosismo, no sabíamos lo que nos podíamos encontrar allí , nuestro corazón palpitaba como el de un colegial que aun no sabe valorar los riesgos,    entre sorpresa, curiosidad y atrevimiento retirando las hojas que cubrían aquella  cosa que se movía. 

¡Hala! salió de nuestra garganta. Nuestro asombro fue hallar un pequeño pájaro en mitad del camino, sus movimientos eran torpes y su plumaje escaso, más bien pellejo y carne, una cría de gorrión con apenas unos días de vida, es maravilloso como se movía y se agarraba a la vida, su principal instinto era vivir por encima de todo, como si un flujo mágico hubiera entrado en su cuerpo, no se sabemos como, un instinto llegó a nuestro pensamiento, como si desde algún sitio saliera una llamada de atención o un aviso que nos decía seguir mirando. Revolvimos las hojas unos pocos centímetros alrededor de donde estábamos y sucedió como el momento anterior, el corazón dio un vuelco de sorpresa, había otro gorrión aún más pequeño, no se movía, y a nuestros ojos parecía no tener vida. Nuestro asombro fue, que, al moverlo, el soplo de la vida entro en su ser, con unos torpes movimientos renació como si ave fénix fuera, resurgiendo de su letargo, había resucitado como Lázaro.  

Llegamos a casa, la ilusión desbordaba por todos lados, nuestro objetivo sería desde este mismo instante poder sacar adelante a esos animalitos como si fueran hijitos nuestros. Removimos Roma con Santiago informándonos por internet y amigos para poder alimentarlos.  Al final con una papilla, de agua y pienso de nuestro perro, comían como desesperados, abriendo la boca de par en par y mirándonos como si fuéramos su madre, lo éramos para ellos,  con una jeringuilla y  mucho ternura fuimos alimentado a las criaturas con todo nuestro cariño, improvisamos un pequeño nido dentro de un tazón  donde introdujimos calcetines de lana que ya no nos servían, esa era su casita, día a  día crecían y se hacían mayores, damos gracias a la naturaleza  por brindarnos esta experiencia y ver como la vida se hace paso a la vida, todo es armonía y equilibrio, todo es maravilloso cuando hay cariño y amor donde todo surge por arte de magia, la magia la llevamos dentro y a veces sale. 

Pasaron los días, no muchos, una semana aproximadamente, cuando decidimos que podían salir fuera para que vieran la naturaleza y el espacio exterior, los sacamos al porche que tenemos en nuestra casa, tenemos la suerte de tener una extensión alrededor de nuestra casa con árboles como si de un bosque se tratase. Nada más ver la luz, el pajarito mayor, que era el más fuerte, seguramente macho, echó a volar juntándose con otros de su especie, no lo volvimos a ver más, pero estamos contentos y satisfechos de haber podido contribuir y darle su libertad. 

El otro, algo más débil, una hembra, se quedó con nosotros, volaba a los árboles y volvía de vez en cuando a que le diéramos de comer alpiste y a tomar agua, se lo poníamos en un platito, cada cosa en su sitio y ella metía  sus patitas en el agua y bebía , era como una  más de la familia, entraba en el salón y se posaba en nuestra mano y en la cabeza, era pequeñita y juguetona, una maravilla verla, era Campanilla por la forma de revolotear y pequeñita. Cuando llovía se refugiaba en el porche y pasaba la noche allí,  otros días se marchaba por la noche a  dormir no sabemos dónde, por la mañana volvía a su  platito de agua y comida y así día tras día. 

Esta es la historia que me han contado mis familiares, he tratado de contarla lo más fiablemente posible poniendo de mi cosecha matices y metáforas acordes con la historia, me siento afortunado pues tengo que decir que yo también viví esa experiencia, estuve allí durante unos días mientras ellos estaban de vacaciones. Cuando llegamos por la tarde a la casa ya era de noche, no pudimos ver a Campanilla, estábamos impacientes por conocerla y ratificar todo lo que nos habían dicho, pero era ya tarde y estaría durmiendo en algún sitio. 

Nos levantamos tarde y al salir al pasillo, cual fue nuestro asombro y sorpresa que ella estaba en el pasillo volando de aquí para allá como buscando el calor de las personas y como es de suponer la comida, le pusimos en el porche su alpiste y el agua y sintiéndose agradecida  a nosotros se nos posó en las manos a los dos, una y otra vez donde, así pudimos  hacerle algunas fotografías, he notado que a mí se me posa menos, es como si yo le diera más respeto, en cambio a mi pareja se le posa con más atrevimiento, todos no somos iguales. Me alegra y me entusiasma el verla feliz y contenta, y de algún modo estoy agradecido por haber contribuido a escribir esta maravillosa historia, gracias Campanilla. 

Pasaron los días y tanto nosotros como sus padres adoptivos han notado como si poco a poco fuera perdiendo la confianza en acercase a las personas, se ha vuelto menos confiada y algunas veces viene a comer con algún otro gorrión amigo, pienso que al hacerse mayor va cogiendo su instinto de libertad al estar con compañeros de su especie. ¿llegará el día que no se le vuelva a ver? Hará pareja y tendrá hijitos y la vida seguirá adelante, ley de vida y de supervivencia. Nosotros la recordaremos con todo cariño y a lo mejor pensaremos como ilusos que un buen día vendrá a posarse en nuestra mano a darnos las gracias por haber sido sus padres, un pensamiento egoísta por nuestra parte.

Es difícil de creer que un gorrión de los que vemos continuadamente por la calle y en cualquier lugar pueda tener una relación tan estrecha con las personas, uno se sorprende como la naturaleza es tan sabia y los animales llegan a tener un comportamiento tan diferente a lo que nosotros estamos acostumbrados. Hay una ley que parece tener mucha fuerza, es aquella que dice que cuando tu das, tu recibes, si das amor y cariño, normalmente recibes lo dado, sobre todo en los animales, ellos no saben de leyes ni de política de quedar bien, solo si reciben amor y cuidado se les queda grabado en su memoria para el resto de su vida. 

Se ha dado el caso y está probado que, en multitudes de ocasiones, animales que supuestamente son salvajes, cuando son cuidados de pequeños (por humanos), les han dado cariño y buenos tratos, cuando son adultos recuerdan a sus cuidadores e incluso si han pasado un periodo largo sin verlos. 

Somos los seres humanos los que damos importancia a cosas que realmente no la tienen, los que nos equivocamos y damos prioridad a lo que debería ser algo totalmente secundario en nuestra vida. Se ha confirmado que animales enfermos que no tenían solución médica, se han recuperado de sus patologías gracias   a los cuidados.  Afortunadamente, el amor de verdad puede hacer milagros y salvar hasta a aquellos que, a primera vista, no tienen curación. 

Los estudios han demostrado que interactuar con animales trae beneficios para la salud física, como presión arterial más baja, reducción del estrés, colesterol más bajo y alivio del dolor, obteniendo también un beneficio emocional. La terapia asistida por animales también puede mejorar las condiciones de trabajo para el personal en los centros de atención y hospitales para ayudar a reducir su estrés. 

Los animales poseen la cualidad más valorada por cualquier ser vivo, son amor en estado puro, por lo que debemos esforzarnos entonces en devolverles al máximo todo aquello que nos dan desinteresadamente. Si somos justos y realistas, estamos en deuda con ellos, porque ellos siempre están dispuestos a amar. Lo dan todo sin esperar nada a cambio y aman de forma incondicional, cosa que no encontrarás por parte de muchos seres humanos. 

Existen millones de historias de amor tan diferentes de animales y del amor en sí, tan diversas como bonitas. Ésta es mi historia y así os la he contado. Solo me queda decir que, si Campanilla puede comunicarse con los suyos, les diga que hay esperanza para convivir entre personas y animales, que hay muchas familias como esta que os he contado que adoran a los animales. Todos compartimos este lugar donde vivimos, la Tierra, cuidémosla y dejemos a nuestros hijos lo que nosotros hemos disfrutados, somos huéspedes de esta gran casa.

 

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