Los_pozos_un_agujero_negro

Los Pozos es…, mejor dicho, era un grandioso depósito de agua que servía para regar las huertas de nuestro pueblo, era un albercón enorme con un pozo en el centro que era de donde se sacaba el agua para llenarlo y posteriormente atreves de acequias repartir el agua a las huertas cercanas.

Antaño corría por las acequias un raudal de agua fresca y clara que aprovechaban los hortelanos para inundar los campos con el fin de sacar más rendimiento a los frutos del campo, según tengo entendido sobre los años 1955 el módulo de agua costaba 35 pesetas la hora de riego ¿no sé cómo podrían medir y contabilizar el tiempo los propietarios de las huertas colindantes?  Pero estoy seguro que no había fraude, la honradez era grande.

Los “Los Pozos ” pertenecían a la ” Obra de Colonización Sindical “, que promovió el Ministro Quintana Lacací , ingeniero militar  navarro y ” Requeté ” . La construcción de todo el Complejo, dio empleo a cientos de personas, no había un solo carro y una sola mula desocupada en todo el pueblo. La obra fue dirigida por ingenieros catalanes, y lo materiales que se usaron fueron, la argamasa y el hormigón romano, además de cal, arena y puzolana de las Tiñosas. Los encargados eran tres personas el Porra, Traca y Pescaillo, los dos primeros estuvieron en la división azul.  

El albercón tenía cuatro o cinco caños por donde salía el agua, era tan inmenso que he oído decir que entraban 5 millones de litros de agua, un lago en pequeño dentro del pueblo. El pozo, se abastecía de varios pozos más de captación a los que se accedía por unas galerías entibadas algunos, en mitad de camino entre la Granja y los pozos. Los motores eran eléctricos, y el mecánico de mantenimiento Jose Antonio Campillos. Al pozo central y a las galerías se accedía desde el torreón, el sobrino de Jose Antonio recuerda que iba con Paco ” pescaillo ” a ver como engrasaban aquellos motores, recuerda que estaba cagao de miedo al ver esos inmensos motores y de cómo rugían, tanto que dañaba los oídos con su escandaloso ruido.

Hace muchos años cuando yo era adolescente nos juntábamos los jóvenes para irnos a bañar a cualquier sitio donde había agua, acequias, canales, albercas, albercones y en este caso en concreto en el albercón de los pozos, algunas veces he ido allí a bañarme, pocas porque me producía un miedo asombroso, pero la juventud es muy atrevida y aunque me diera miedo lo hacíamos. dentro de mi cuerpo me producía una angustia ver el centro de dicho sitio, pues allí se encontraba el pozo, estaba rodeado de unas barandillas para proteger que nadie cayera, cuando veía   aquel agujero negro se me revolvían las tripas, no ver el fondo y aquello tan oscuro me ha producido  a lo largo de mi vida algo de fobia, he soñado varias veces con ello y me despertaba sudando, recordaba en el sueño que estaba allí dentro flotando y nadando en el agua y nadie me venía a rescatar, es curioso pues he sido submarinista años atrás y he estado en el fondo del mar a una profundidad de 45 metros que es donde tengo la cota de bajada, pero en esos lugares  no me ha producido ningún miedo, pienso que será porque en el mar es un sitio abierto y no hay paredes que produzcan claustrofobia , no lo sé  pero en un  pozo es otra cosa, yo lo recuerdo como un agujero negro sin fondo.

Los chavales, aquellos que eran muy atrevidos, iban a bañarse a las acequias siempre mirando para todos lados y muertos de miedo, por si venia el guarda un tal Paco el “Traca” chillando y con un humor de perros, pues una de sus responsabilidades era vigilar que nadie se bañara en los canales. Es curioso, pues algunas veces llegaba el Traca y teníamos que salir corriendo campo a través como Dios nos trajo al mundo. En cierta ocasión me cuentan que algún chico se dejó la ropa en la acequia, y luego él Traca iba a su casa a decírselo a sus padres,(él era buena persona), me puedo imaginar la escena del zagal detrás de la puerta aterrorizado escuchando lo que le contaba a sus padres, la que le esperaba después.

A mis oídos ha llegado que un chaval se ahogó en una acequia entre los Pozos del Canal y el Camino de Manzanares, por lo visto era el monaguillo de San Pedro, el monaguillo se quedó ” encajonado ” en la tubería que tenía 50 cm de diámetro, era el punto más distante entre el pozo de absorción y el de expulsión de la corriente, justo en ese lugar muchos de los jóvenes aprendieron a nadar, el agua te expulsaba hacia arriba y había más facilidad para aprender, la verdad es que no se sabe más detalles del accidente, no me extraña que algunos padres se negaran a que sus hijos fueran por allí. Se decía que una persona se podía meter por un túnel cubierto de agua y salía a otra alberca. Era bastante peligroso porque si no tenía mucha resistencia en apnea podrías quedarte en el sitio… 

El albercón estaba al final de las eras de la calle Manzanares, en panda íbamos a bañarnos, y su grandiosidad nos imponía, la forma de subir era trepando por sus paredes escurridizas. Una vez que conseguías ver sus dimensiones, te lo pensabas pero al final nos bañábamos, pero con cuidado que no nos vieran por el peligro que suponía, había que nadar muy bien para luego poder salir, mala era la entrada, pero la salida era casi peor, había una cuerda al ras de agua, desde la escalerilla hasta el último pilar de la pasarela del pozo central, el agua estaba súper fría, pero era fantástico bañarse allí, había una gran altura desde el agua a la pasarela y a la plataforma,  también había una escalerilla de hierro en la pasarela y atreves de ella podíamos salir con mucha dificultad. 

Me han pasado muchos testimonios acerca del albercón de los Pozos, uno de ellos dice: el ingeniero de la Granja Escuela, era bastante amigo de mi pandilla, como conocía que sabíamos nadar bien nos dejaba bañarnos.  

Otro de los testimonios cuenta: Recuerdo algún baño en el albercón, un día casi me ahogo, casi no sabía nadar, me tiraba de cabeza en diagonal, un día el agua estaba más baja que otros días, al llegar al borde, no me alcanzaba el brazo para agarrarme y salir, me puse nervioso, y si no es por mis amigos, allí podría haber terminado mis historias. 

Cuenta Jose Antonio que al pozo central y a las galerías se accedía desde el torreón que tenia “el Yugo y las Flechas “. Con 14 años, bajé con mi tío y con Paco “pescaillo ” a ver como engrasaban aquellos motores. ” estaba cagado de miedo” cuenta. 

Cuenta una o de las chicas de por aquel entonces, “Cuando era una niña   nos enteramos por un grupo de amigas qué Carlos Redondo había venido y estaba allí en el albercón de los pozos, allá fuimos mis amigas y yo y efectivamente allí estaba, salió del baño nos firmó una foto que todavía conservo con mucho cariño, recuerdo también que iba allí a besarme muchas veces y la familia que vivía allí la mujer era hermana de Carlos redondo jugábamos con las hijas una de las hijas ya murió.

Alguien me ha comentado:  Cuando yo pasé a verlo ya estaba vacío, me impresionó lo grande que era, pasamos por una pasarela al centro del albercón donde estaba el pozo, me acuerdo que mi hermano quiso bajar al pozo, cuando yo me asomé y lo vi bajar por aquel agujero que parecía que no tenía fin, empecé a chillar y a llorar para convencerlo de que subiera, menos mal que me hizo caso. Sería sobre el 1983 más o menos. A mí me pareció inmenso cuando lo vi y quede tan impresionado, que aún recuerdo aquel día con pavor.

 Ya al final de explotación alrededor de los años 70 lo dejaron lleno de agua bastante tiempo y alguien con mucho arrojo llegó a echar pececitos de colores dentro de él, y al cabo del tiempo se hicieron grandes. ¿Cuentan algunos que iban a coger esos pececitos para ponerlos en su casa en una pecera…?

Lo Importante de todo ello, es la dinámica que se creó en Daimiel de trabajo colectivo (muy bien pagado) sirvió incluso de precedente para que muchísima gente, colaboraran gratuitamente en la construcción de la plaza de toros unos años después.

El devenir de los tiempos, los usos agrícolas, los intereses comerciales, el crecimiento urbano, terminaron por condenar a Los Pozos, ese grandioso depósito de agua que irrigaba ese cinturón de huertas alrededor de nuestra localidad. Hoy apenas queda nada, fuera de la instalación original modificada para su uso posterior y apenas quedan vestigios de aquella acequia que alimentaba de agua a ese verde vergel que crecía casi acordonando el espacio urbano y que alimentaba a los daimieleños con sus excelentes hortalizas. Aún quedan pozos de aquel Canal por aquí por Borreguera y la Encanta. 

El albercón tuvo un final provechoso ya que fue acondicionado a secado de trigo, al menos su reciclaje ha servido de algo, su pasado y su historia esteran siempre en la memoria de todos nosotros.

Doy las gracias a todas las personas que me han aportado información y datos del albercón.

 

 

 

 

 

 

<—-