Fuegos fatuos

Puede que hayas tenido suerte y hayas visto alguna vez un fuego fatuo. Se trata de luces brillantes y aparentemente frías que parecen surgir de la nada. Muchos de los avistamientos han ocurrido en cementerios, lo cual ha contribuido a vestirlas con un hábito de misterio, reforzando su aire sobrenatural. No obstante, también han sido descritos en otros lugares mucho menos dados a la fantasía. La aparición de las extrañas luces por la noche en lugares como cementerios y pantanos ha intrigado durante cientos de años al ser humano.

Según relatan quienes han tenido la suerte de presenciar uno, son como pequeñas nubes brillantes que huyen de quien se les acerca, que pueden apagarse y encenderse caprichosamente y que, por si esto no fuera suficientemente extraño, cuando se les acerca algo combustible, no solo no lo queman, sino que lo cubren de una fina y viscosa capa de humedad. Siendo justos, estos fenómenos tenían todas las papeletas para convertirse en el centro de no pocas leyendas populares.

Pero con el tiempo han surgido algunas teorías que intentan dar una explicación científica a este sorprendente fenómeno.

El desconocimiento de sus orígenes motivó que se creyera que estos ‘fuegos fatuos’ eran espíritus o seres que flotaban inmóviles en estos lugares mágicos y que tenían la capacidad para cambiar de color y para emitir sonidos fantasmales.

La más probable es que estas luces son el resultado de la oxidación de la fosfina y de los gases de metano que se producen por la descomposición de materias orgánicas.

Esto explicaría que estas luces se vean en lugares tan especiales como los camposantos o los pantanos, zonas donde es habitual la presencia de cadáveres de personas y animales.

Otra teoría afirma que es posible que algunas luces sean el resultado de la compleja relación existente entre el terreno y factores como el clima, la orografía o o el interior de la propia Tierra.

Sin embargo, para algunas personas el misterio sigue estando ahí, pues hay quien asegura que el comportamiento de estos ‘fuegos fatuos’ incluye balanceos y movimientos muy difíciles de explicar de forma racional.

Aun en pleno S XXI todavía haya quien le dé un sentido sobrenatural a este fenómeno.

Rodeada de misticismo y superstición, la visión de un fuego fatuo es un espectáculo tan bonito como sobrecogedor. El fuego fatuo es fácil presenciarlo en la zona de que son pantanos y cementerios.

No se trata de llamas peligrosas y habitualmente, no tienen la fuerza suficiente para quemar ni el papel, aunque en ocasiones hay testimonios que afirman haber podido prender hojas en ellos. Pese a que se han intentado replicar algunas veces en un entorno de experimentación, nunca se ha conseguido por entero, ya que se trata de un fenómeno relativamente poco estudiado.

El fuego fatuo se ha relacionado prácticamente siempre con un fenómeno de mala señal, aunque es fácil de entender si se tiene en cuenta su aspecto de llamas pálidas sobre la superficie de zonas pantanosas   o  en campos santos.

Tradicionalmente y de acuerdo con folclore popular, los fuegos fatuos son bolas de luz que retroceden al aproximarse a ellas y representan el alma de los recién fallecidos, que vagan errantes antes de que llegar el momento de entrar en el purgatorio. Ver este fenómeno puede ser una buena o mala señal, dependiendo del país o de la zona geográfica donde se produzca, por ejemplo, en algunos países es mal presagio, porque piensan que estos fuegos fatuos son espíritus malignos que pretenden distraer al viajero para que se pierda en la espesura del bosque.

 

Cómo ver un fuego fatuo

El primer requisito para ver un fuego fatuo es que sea de noche. No es que el fenómeno solo sea en horas nocturnas, pero dado que hay desplazarse a zonas naturales para poder verlo y debido a que las llamas son de colores pálidos, de día lo más probable es que pase inadvertido. Hay muchas zonas concretas que están reconocidas como puntos de avistamiento de fuegos fatuos, aunque en términos generales lo más habitual es verlos en cementerios y zonas pantanosas.

Hay muchas zonas concretas que están reconocidas como puntos de avistamiento de fuegos fatuos, aunque en términos generales lo más habitual es verlos en las necrópolis y en lagunas, embalses etc. . En los primeros, el fuego fatuo es producido por el fósforo y las sales de calcio presentes en los huesos humanos o de otros animales enterrados en la zona, mientras que en los pantanos los fuegos aparecen por la descomposición de la materia vegetal, que se da muchas veces bajo el agua y hace que los gases se inflamen al acumularse sobre la superficie.

 

Mitos y leyendas de los fuegos fatuos

En la cultura popular gaélica se les llama will-o’-the-wisp, y se les identifica como espíritus de naturaleza maligna, de personas muertas u otras criaturas, que intentan hacer perderse a los viajeros para que compartan su suerte. Otras versiones los identifican como los espíritus de los niños que no han recibido bautizo, y que vagan así entre el cielo y el infierno, sin llegar a ninguno.

– En Japón están las Hitodamas, que son en teoría almas de personas recién muertas, con aspecto de esferas verdes o azules que dejan estela al flotar, y se cree que puede estar directamente relacionado con los fuegos fatuos.

– En América del Sur, habitualmente, se les da connotaciones de almas malignas y peligrosas que no han podido encontrar la paz o acceder al cielo. Merece especial mención el caso de Colombia, en el que se cree que solo las personas de buen corazón y desprendidas pueden llegar a ver estas llamas, razón por la que son casi siempre son vistas por niños. Allí creen que indican la localización de un antiguo tesoro enterrado.

Es de destacar su primer encuentro con fuego fatuo en un pantano entre un profundo valle en el bosque de Gorbitz, Brandeburgo Oriental, Alemania. Blesson observó que el agua estaba cubierta por una película iridiscente y durante el día se podían observar burbujas que crecían abundantemente desde ciertas áreas. Por la noche, Blesson observó llamas azul-púrpura en las mismas áreas y concluyó que estaba conectado al gas ascendente. Pasó varios días investigando el fenómeno, descubriendo con desaliento que las llamas se retiraban cada vez que intentaba acercarse. Finalmente tuvo éxito y pudo confirmar que las luces fueron causadas por el gas encendido. El científico británico Charles Tomlinson en On Certain Low-Lying Meteors (1893) ha realizados el experimento de Blesson de la siguiente manera:

Al visitar el lugar por la noche, las llamas sensibles se retiraron; pero al quedarse quieto, volvieron e intentó encender con ellas un trozo de papel, pero la corriente de respiración producida por su aliento lo mantenía a una distancia demasiado grande. Al girar la cabeza y tapar su respiración, logró encender el papel. También fue capaz de extinguir la llama al conducirla delante de él a una parte del suelo donde no se producía gas; luego, aplicando una llama al lugar de donde salía el gas, se escuchó una especie de explosión en torno a ocho o nueve pies cuadrados del pantano; se vio una luz roja, que se desvaneció en una llama azul de aproximadamente un metro de alto, y esto continuó ardiendo con un movimiento inestable. Cuando amaneció, las llamas se pusieron pálidas, y parecían acercarse más y más a la tierra, hasta que finalmente desaparecieron de la vista.

Casos reales publicado por el peridico El País

– A todos los que hayan visto de noche, desde la carretera, el cementerio de Anchuelo (Comunidad de Madrid, 557 habitantes) les habrán sorprendido las luces anaranjadas que flotan sobre sus lápidas y cruces de mármol. Los vecinos de la localidad estaban divididos: unos aseguraban que se trataba de un fenómeno paranormal o de fuegos- fatuos; los otros afirmaban, socarrones, que no era más que el reflejo de las farolas del pueblo sobre la superficie pulida de las lápidas. El alcalde, Francisco Hermida, quiso desvelar el misterio y una noche, cuando el reloj de la torre dio las 23.30, cortó el alumbrado público. Frente al camposanto, pertrechados con bocadillos y bebidas como si se tratase de una romería, se congregaron medio millar de personas que lanzaron un lamento al unísono: los presuntos fuegos fatuos se apagaron junto a las farolas.

–  La pequeña necrópolis, levantada en 1850 alrededor de la ermita de la Oliva, con su ciprés y su valla blanca, alejada del pueblo, casi un kilómetro, está rodeada de campos de cereal y aupada sobre una loma. En las noches de luna, se aparece al viajero al torcer una curva de la carretera que va de Alcalá de Henares a Santorcaz, y en las más oscuras sólo se divisan las llamas anaranjadas que parecen surgir de la tierra. Si se agudiza la vista se puede distinguir con nitidez la silueta ígnea de una cruz.

El rotativo local Diario de Alcalá publicó un artículo sobre las llamaradas espectrales que reavivó la polémica, y para zanjarla pidió al alcalde del municipio que apagase las 500 farolas de Anchuelo durante 10 minutos y en una noche de luna. En cuanto se apagaron las luces del pueblo todas las miradas se volvieron al camposanto: los fuegos fatuos habían desaparecido. El regidor volvió a dar la luz y las llamaradas flotaron otra vez sobre las tumbas.

Testimonio anonimo

Hace una semana, como tantas veces, fui a por hierba para mis conejos al cementerio. Era una noche de tormenta, me encaramé a la tapia y de un salto caí entre las sepulturas, las ropas, empapadas.

Metí en el saco hierbajos a puñados, cuando frente a mí, una luz verdosa, fluorescente me llamó la atención, al acercarme, la lápida que pisé se hundió y caí sobre un féretro que se hizo astillas y acabé entre huesos y una calavera que me sonreía, con restos de carne y un gusano en la órbita. Grité.

Trepé como pude y al saltar el muro, los zarzales me desgarré el cuerpo.

Desde entonces, las heridas aumentan y un líquido seroso, hediondo y con una luz que fluctúa por la noche, moja las sábanas.

Hoy, la gangrena alcanza a la cintura y cuando caigo en la semiinconsciencia, noto como me licuo y como la parte inferior de mi cuerpo es una masa informe.  Nunca creí en los fuegos fatuos, pero ahora mismo que estoy escribiendo, oigo pasos tras la puerta, los cencerros de la Santa Compaña suenan y una luz se filtra por la puerta y se une a la mía, como una aurora.

Conclusion

La ciencia moderna, generalmente acepta que la mayoría de los fuegos fatuos son causados por la oxidación de fosfano (PH3), difosfano (P2H4) y metano (CH 4). Estos compuestos, producidos por la descomposición de compuestos orgánicos, pueden causar emisiones de fotones. Dado que las mezclas de fosfina y difosfano se encienden espontáneamente al contacto con el oxígeno en el aire, solo se necesitarían pequeñas cantidades para encender el metano mucho más abundante para crear incendios efímeros. Además, el fosfano produce pentóxido de fósforo como subproducto, que forma el ácido fosfórico al contacto con el vapor de agua. Esto podría explicar la “humedad viscosa” descrita por Blesson.

Aunque todavía no esté del todo claro el origen de los fuegos fatuos, no quiere decir que estemos completamente perdidos. Hay buenas hipótesis e incluso experimentos de laboratorio que parecen aproximarse a algunos los testimonios.

 

Paginas relacionadas con estos Temas:

https://www.defensacentral.com/ustedpregunta/categoria/ciencia/que-son-realmente-los-misteriosos-fuegos-fatuos/

https://www.ecologiaverde.com/fuego-fatuo-que-es-2329.html

https://www.google.com/search?client=firefox-b-d&q=Anchuelo

https://www.larazon.es/ciencia/20200813/glg4utaaqvhz3hi735bvzjdjxe.html

https://estanochetecuento.com/fuegos-fatuos-epifisis/

https://es.wikipedia.org/wiki/Fuego_fatuo

<—-